jueves, 19 de enero de 2012

Who sees?

Normalmente la literatura no es algo intrínseco en el alma humana y mucho menos en su naturaleza.
Tampoco es ningún instinto, como el de supervivencia, innato en uno mismo. Podríamos decir que son una serie de fuerzas, percepciones y cúmulos de pequeños átomos de realidades que incitan a ello.
¿Qué era para los antiguos? Democracia, libertad, honor.
¿Y para los del medievo? Libertad y honor.
Los modernos versados en otra realidad con el ansia genesíaco.
Y ya en la contemporaneidad con una sin-democracia, sin-honor y con la libertad cuestionada, orgullosa, especulativa y egoísta que caerá previsiblemente en las garras de la distopía ishigura.

Pero siempre llega el momento en que alguien/algo te recuerda que ese no es tu mundo, que eres diferente aún sintiendo todas y cada unas de las prerrogativas

(...) y que hoy en día tener ideas propias es peligroso,

es el momento en que pasas pagina. Dejando atrás el vidrio ahumado y entrando en un nuevo despertar.

En este nuevo tránsito nace Aristófanes explicándote su mito que tiene como origen la pérdida de nuestra media naranja cuya solución se resuelve con la metáfora romántica de la vida.
Nos habla de un amor idílico, desinteresado y que nos pasamos una vida buscándo... ¿Y si no es más que la Providencia que actúa, sin darnos la cara?

Porque la literatura es algo que buscas toda la vida, buscando la completa dualidad pero que sin embargo, en tanto que eres creación, es tu complemento.